Aparece de improviso y produce una sensación muy parecida a la muerte. Tiene los mismos síntomas que un paro cardíaco: falta de aire, taquicardia, hipertensión, dolor en el pecho y mareos. Es difícil de diagnosticar y lo sufren tanto hombres como mujeres.
Lo más parecido a la muerte
Cuando Diana B. -36 años-me contó esta historia, ya había dado con un médico que acertó con el diagnóstico: Diana sufría del síndrome de pánico, una reacción bastante común, que se da sobre todo en hombres y mujeres jóvenes y que provoca en el cuerpo los mismos síntomas de un infarto. Pero antes de ese diagnóstico, Diana pasó por varias guardias de hospitales, consultó a distintos cardiólogos, se deprimió, creyó que se había vuelto loca y tuvo que soportar tres ataques más. Y cada vez se repetía lo mismo: terror de morirse y quedar tirada, sola, sin que nadie pudiera ayudarla.
"El pánico es una nueva denominación de una vieja enfermedad -dice el doctor Jorge Calvo, médico psiquiatra-. Freud la llamó neurosis de angustia, después se la denominó reacción de ansiedad. Mucho antes se le daba el nombre de neurastenia, corazón de soldado. Los norteamericanos comenzaron a llamarla panic at-tack, que es con lo que el paciente se siente más. identificado
Porque siente pánico ".
El pánico, en realidad, no es una enfermedad, sino un síndrome que aparece a partir de un trastorno por ansiedad. Se presenta en casi todas las enfermedades mentales. Y a veces aparece solo, de un modo absolutamente inexplicable para el que lo sufre. Un día cualquiera se siente súbitamente con sensación de muerte inmediata, generalmente referida al corazón y a la respiración, que son los dos puntos que todos estamos seguros de que nos atan a la vida. Después, no queda ningún residuo físico; sólo el miedo.
El ataque de pánico puede durar minutos, horas o días, pero no tiene un estado permanente. Esto quiere decir que hay horas del día en que se acentúa y otras en que desaparece. Tiene manifestaciones físicas muy fuertes: taquicardia, hipertensión, sudoración profusa, alteraciones en las pupilas, problemas en la respiración, palpitaciones, dolores en la zona cardíaca, opresión en la cabeza y el tórax, mareos, zumbido de oídos, visión borrosa.
"La manifestación física es tan real que no quedan dudas -explica el doctor Fernando Caminada, jefe del Servicio de Clínica Médica del Hospital Pena- Si en ese momento reviso al paciente, lo encuentro con taquicardia, 150 de pulso, 15-10 depresión, respirando 30 veces por minuto y con las pupilas desmesuradamente abiertas. Lo más terrible es que, muchas veces, cuando el médico ve que no hay trastorno cardíaco, le quita importancia al cuadro y le dice que no tiene nada. Esto hace que el paciente se sienta peor. Hasta que logra que alguien lo escuche, que le diga que sí le pasa algo y enfoque la cosa por el lado que corresponde".
Martha G. -47 años, viuda, con tres hijos- empezó a tener ataques de pánico a los 45 y se le repetían cada vez que viaja-
ba en tren. Martha vivía en Olivos y el tren era su única posibilidad de trasladarse, trabajar, en fin, hacer su vida. Hubo días en que llegó a bajarse tres veces del tren antes de poder llegar a Retiro. "Cada vez que bajaba se me pasaba, así que volvía a subir -cuenta Martha-, hasta que mi médico me recomendó que cuando tuviera pánico mirara a todos los que viajaban conmigo y buscara a un señor maduro con cara de buena persona y pensara que ese señor se iba a ocupar de mí. Yeso funcionaba. Pero muchas veces encontraba a un señor confiable, que estaba segura de que me iba a ayudary se bajaba antes de Retiro. Me dejaba desamparada. Lo curioso es que un rato después la situación me parecía muy graciosa y me mataba de risa. Así es el pánico. En un momento te estás muriendo, en serio, y media hora después estás lo más bien".
Lo peor que puede suceder-le a una persona que sufre de pánico es no encontrar una respuesta. Porque si no hay diagnóstico, no hay tratamiento y la angustia va en aumento.
Ciudad de pobres corazones
¿Por qué algunas personas sufren ataques de pánico? Como siempre que se trata de problemas que tienen que ver con la psiquis, no hay una sola explicación. "A veces tiene que ver con situaciones traumáticas de la infancia o el comienzo de la adolescencia, relacionadas con la muerte o con cualquier otra cosa. Pero no siempre ésa es la razón -dice el doctor Calvo.
En general, las personas más proclives a padecerlo son las inseguras y, dentro de ellas, las
que conocemos como escrupulosas de conciencia. "Son las que sufren por cómo se relacionan con los demás, por lo que pensarán. Tienden a vivir penosamente y angustiados la vida de relación " -afirma Calvo.
Pero ¿es una enfermedad tan común? Mucho más de lo que la gente y muchos especialistas creen. Los médicos clínicos se encuentran, por lo menos, con dos casos por mes. Es un síndrome muy común de encontrar en las guardias hospitalarias y más aún, en los consultorios de los psiquiatras.
La enfermedad prefiere a las personas que tienen entre 25 y 40 años, aunque también suele atacar a los chicos. Y la sufren por igual hombres y mujeres. Pero las estadísticas indican que a las mujeres les resulta mucho más fácil aceptar y, por lo tanto, tratar cualquier trastorno psicológico.
El pánico es una enfermedad de las grandes ciudades. No se saben las causas, pero sí los desencadenantes.
"Frente a una situación de peligro, el organismo tiene dos reacciones primarias: huiro atacar. El pánico es una nefasta reacción porque imposibilita las dos cosas y deja a la gente a merced del peligro -explica el doctor Caminada-. Tal vez hay ciertos desamparos, ciertas soledades existenciales que vive el hombre moderno, algunas sobrecargas emocionales o afectivas, que lo dejan más expuesto a situaciones de pánico".
Un estudio realizado en Estados Unidos demostró que un promedio del 1,5 por ciento de la población sufre de pánico, aunque en algunas zonas este número llega al 7 por ciento. Este mismo estudio se realizó en otros países (Alemania, Puerto Rico, Canadá, Nueva Zelanda, Corea) y dio los mismos resultados. Además, casi el 4 por ciento de la gente tiene ataques, aunque no sufre de todas las características del trastorno. Pero los especialistas dicen que el trastorno avanza a pazos agigantados en los últimos tiempos, y creen que las razones son, más que nada, las presiones de la vida actual.
Ni muerte ni locura
Juan L. -41 años, casado, un hijo- salió del Hospital Alvarez con un nudo en la garganta. Después de consultar con dos clínicos, vio a un cardiólogo, que le hizo un electrocardiograma, una placa de tórax y un montón de estudios con nombres inentendibles, y le dijeron que no tenía nada. Juan se sentó con su esposa en una plaza y preguntó: "Y ahora, ¿qué hacemos?" Eso les pasa a todos los que padecen ataques de pánico. Lo de Juan había empezado unos meses antes y, como no recibió atención médica adecuada y se automedicaba con tranquilizantes, la cosa iba cada vez peor. "Las dos cosas que se me pasaban por la cabeza eran terroríficas. Creía que me iba a morir o me iba a volver loco. Lo único que me calmaba, porque siempre tenía los ataques en la calle, era mi auto. El techo del auto me hacía sentir protegido. Por suerte, encontré a un clínico que me dijo que lo que yo tenía era importante, pero no era el corazón sino un problema nervioso. Me dio remedios y empecé un tratamiento psicológico".
La medicación que se aconseja para el pánico es una combinación de ansiolíticos y antidepresivos. Pero el mayor riesgo es automedicarse. Por ejemplo, tomar la medicación en el momento de la crisis es malísimo, porque se produce un fenómeno que se llama rebote y provoca un aumento de la ansiedad cuando pasa el efecto del medicamento. Lo cierto es que el pánico se cura, aunque se puede volver a repetir, y siempre debe ser tratado.
Pero es bueno saber que no todas las personas necesitan ayuda psiquiátrica. "Algunos pueden ser perfectamente contenidos en la relación con el clínico -afirma el doctor Caminada-. Mejoran a medida que recuperan la confianza y que logran reordenar, dentro de ellos, lo que se desequilibró. Lo importante es darles la certeza de que no tienen un padecimiento que los va a llevar a la muerte, a pesar de que están enfermos. Contenerlos rápidamente, orientarlos y darles ánimo, en general los saca del paso."
¿A qué le tiene miedo la persona que sufre de pánico? ¿A la muerte?
Los especialistas opinan que, en realidad, el miedo es a descontrolarse, a no poder escapar de una situación desagradable. Es un miedo a sí mismos. El miedo a la muerte viene como consecuencia de esa extraña característica del pánico, que lo asemeja desgarradoramente, en el cuerpo y la mente, a la sensación de padecer un infarto. Y morir.
En una época se lo llamó corazón de soldado, porque era un síndrome muy común entre los que habían estado en una guerra. Pero hoy se sabe que le pasa a cualquiera. Y se cura.
Diana B. lo describe muy claramente "Es como estar en el medio de un bombardeo sin saber qué hacer ni hacia dónde escapar. Es el horror de la muerte. Y cuando termina, así como en las películas dejan de sonar las sirenas y la gente agarra sus cosas y sale de los refugios, del mismo modo pasa el momento de pánico y uno sigue con su vida. Pero siempre con la incerti-dumbre de dónde nos agarrará el próximo bombardeo."
Qué hacer frente al miedo
• Consultar con un clínico para descartar un problema cardíaco y encontrar
un buen diagnóstico.
• Jamás automedicarse con tranquilizantes, porque pueden empeorar el cuadro,
• Tener muy en claro que ei pánico no conduce ni a ia muerte ni a la locura.
• En ei momento de ia crisis, buscar el apoyo de otra persona. En general,
estos ataques se producen en soledad, y la compañía de otros ayuda.
• Si sucede en un medio de transporte, hay que bajarse y buscar algún lugar que uno sienta como tranquilizador.
• No interrumpir por ningún motivo el tratamiento prescripto por ei médico.
Ei pánico tiende a repetirse.
• Frente a ta angustia que produce un síndrome tan desagradable, hay que tener en cuenta que el pánico se cura.