Tiene un nombre amenazador. Pero los médicos aseguran que, salvo excepciones, la mononucleosis no debe despertar miedo. "Es una enfermedad benigna, de personas sanas. Esto último significa que no hace falta tener las defensas corporales bajas para contagiarse. Sólo en uno de cada cien casos se presentan complicaciones que pueden superarse con corticoides bien indicados. Por el resto, es igual que un resfrío por virus: debe cumplirse reposo relativo y dieta liviana, con la única recomendación de no consumir bebidas alcohólicas", informa la doctora Claudia Vujacich, médica infectóloga del Centro de Estudios Infectológicos, de Buenos Aires.
El responsable de la infección es un virus llamado de Epstein-Bar, de la familia de los herpes, es decir, que resulta una especie de primo del que provoca las molestas ampollitas en la boca.
Antigüedades
Este agente infeccioso es tan viejo como el hombre mismo y afortunadamente no es muy variable, es decir que no comparte la característica que hace peligrosos y difíciles de controlar a virus tan distintos como el del sida -el HIV- o el de la gripe.
Su estabilidad -el hecho de que casi no mute- y el hecho de que suele atacar, con síntomas o no, a la mayoría de la población sin distinción de clases socioeconómicas, han logrado que sea bien conocido por los infectólogos. Por eso es fácilmente dominable.
Como aún no existe una vacuna y la administración de medicamentos antivirales no disminuye el tiempo de reposo ni los síntomas molestos, los médicos dicen que la mononucleosis se cura sola, con una medicina universal: la paciencia.
Como provoca la inflamación de los ganglios linfáticos -especialmente en la zona del cuello- y también del hígado, es frecuente que se la confunda con anginas, gripe o hepatitis.
"Aquí está uno de los riesgos del diagnóstico equivocado. En caso de que se administren ciertos antibióticos, el enfermo de mononucleosis habitualmente sufre un espectacular rush (erupción en la piel colorada y muy molesta, similar a la urticaria)", agrega Vujacich.
La mononucleosis suele aparecer a partir de los tres años, con un pico entre los 12 y los 15 años. Aun en un hospital especializado en niños, como el Garrahan, los pacientes internados alcanzan apenas al 1 por ciento de todos los que se infectan ron el Enstein
Bar. Se trata de chicos que padecen la obstrucción de la faringe por crecimiento excesivo de las amígdalas y, también, anemia.
"Cuando hay fiebre sin escalofríos ni causa aparente, acompañada de la inflamación de los ganglios del cuello, un análisis simple de sangre (un test rápido que detecta anticuerpos contra el virus) ayuda al diagnóstico de la enfermedad. También hay tests más finos o hemogramas, con los que se diagnostica la infección, estos últimos sí muestran una alteración característica en la proporción de los distintos tipos de glóbulos blancos", amplía Vujacich.
Mala suerte
Es común que un paciente con mononucleosis diagnosticada diga: "Tuve mala suerte, me pesqué esto y hepatitis, las dos juntas". Sucede que la mononucleosis inflama el hígado, con lo que aparecen síntomas de la hepatitis virósica, sin que los signos obedezcan a esta enfermedad específicamente.
"Pero la inflamación del hígado es una consecuencia normal de la mononucleosis y no implica que el paciente quede inmunizado contra la hepatitis por virus A, B, C, D o E", subraya lainfectóloga. Agrega que el paciente contagia el virus por la boca y la saliva incluso hasta dos o tres semanas después de que desaparecen los síntomas.
"¿Con quién te besaste?", suele ser la pregunta inquisidora con que se castiga a un adolescente enfermo de mononucleosis. Vergüenza y negaciones mediantes, los chicos tienen razón al enojarse por acusaciones infundadas.
Si bien es cierto que el beso en la boca, bien profundo, puede contagiar la enfermedad, no siempre ocurre así. Puede pensarse en la infección que aqueja a los chicos de guardería, entre los que se reproduce gracias a los chupetes, mordillos y juguetes compartidos.
Entonces, cabe la posibilidad de que los adolescentes hayan contraído la mononucleosis sin ningún beso brujo.
"De todas formas, aconsejamos que no dé besos en la boca (de tipo profundo) durante aproximadamente un mes", amplía Vujacich. Aclara que una persona portadora sana también puede propagar la enfermedad, con lo que la abstinencia no es tan eficaz como se pretende.
Con respecto al tratamiento, la recomendación básica es el reposo, pero no el absoluto. Aunque parezca increíble, la inmovilidad puede retrasar la recuperación. Por eso se aconsejan siestas o varios descansos al día, con actividad física e intelectual suaves, deteniéndose cada vez que se sienta cansancio. En caso de fiebre, se administra un antitérmico que no sea aspirina.
Las únicas recomendaciones menos divertidas son evitar los deportes de impacto y, en los adultos, suspender el consumo de alcohol, para no exigir al hígado.
Grupos de riesgo
A diferencia de otras infecciones, la mononucleosis no tiene grupos de riesgo bien diferenciados; ni siquiera los sectores socioeonómicos más desprotegidos. Tampoco los maestros o los médicos.
"Sí se observa cierto adelantamiento del promedio de edad para la enfermedad en los chicos que asisten desde bebés a guarderías. Pensemos que la saliva y el llevarse los objetos a la boca es una constante en estos pequeños. Así entenderemos su mayor predisposición a contraer la mononucleosis", revela Vujacich.
Como se halla tan extendida, no es necesario que la población general se haga un análisis de sangre para saber si ha tenido alguna vez la enfermedad.
En cambio, el test es imprescindible en caso de que alguien necesite un trasplante de órganos ya que esto implica la administración de remedios que supriman las defensas inmunológicas. De esta forma, la mononucleosis podría presentarse con un cuadro grave.
Por ahora, y como la investigación científica aún está lejos de producir una vacuna, habrá que resignarse a esta infección benigna. Con información y cuidados sencillos, se pueden alejar los riesgos y las complicaciones